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Mi primer intento con Two and a Half Men

26 Feb

Hace unos meses, en Navidad, y también si queremos en el famoso San Valentín, vivimos ese acelerado proceso donde las personas intercambian dinero por cosas, un regalo por otro, una sonrisa por un abrazo y así un sinfín de canjes que pueden reducirse al término de consumo; el mismo que se reproduce no solo a través de las vitrinas de un almacén, sino a través de las pantallas de televisión o de un computador, las hojas de un periódico y los audios de la radio.

No cabe duda que la publicidad difundida a través de los medios de comunicación habilita el consumo y dentro de éste, resulta interesante el hecho de que los medios se conviertan en productores de mercancías, en las cuales se incluye su producción audio-visual y su público (de ahí que algunos medios tengan el lema comercial de que producen audiencias para los anunciantes).

Los productos mediáticos que un medio realiza funcionan perfectamente como una mercancía destinada al consumo, ya que cumplen con el valor de uso, de cambio, simbólico y hasta moral que la caracteriza. En este sentido, pretendo analizar un caso particular (frustrado hasta cierto punto pero que algún momento pretendo completarlo), sobre la serie norteamericana Two and a Half Men, una de mis favoritas al ser un fenómeno de la industria cultural que trasciende fronteras no solo en territorio sino también en tipo de medios de difusión.

La comedia en televisión ha sido uno de los géneros más exitosos y también más variados de la historia. Su trascendencia la exponen series como Friends, Seinfeld y El Show de Cosby, que marcaron el modo de hacer comedia y otorgaron el horario estelar a este tipo de producciones. Entre las características principales de las sitcom clásicas, o comedias de situación, podemos mencionar que son programas seriados, cuyos capítulos individuales tienen una duración aproximada de veinte minutos, y que abarcan una narrativa temática en especial, es decir, una trama principal y una o dos subtramas secundarias. Su sistema de producción es estandarizado, por lo que resultan frecuentes los escenarios donde se ruedan la mayoría de episodios (por no decir todos). De ahí que este género se lo conozca también con el nombre de comedia enlatada.

Otra de las características se vincula a la realización fotográfica convencional. La sitcom respeta la estructura aristotélica de tres actos, hoy en día determinados por la publicidad. Normalmente, se coloca un fade  en el momento anterior a la pausa publicitaria, y cuenta con el tag  para la conclusión del capítulo. Además, los expertos han determinado que “es frecuente la utilización de técnicas de la comedia cinematográfica clásica que han sido adaptadas a la televisión como la sorpresa, el malentendido verbal, el cambio de roles, el engaño o el enredo” (Bonaut & Grandío: 2009). En este tipo de programas, los personajes hablan más que actúan; de ahí que en la mayor parte de las ocasiones la comicidad recaiga en los diálogos.

Es importante mencionar que la temática tradicional y los personajes de las comedias de situación están basados en estereotipos. Originariamente, la mayoría de las sitcom estaban protagonizadas por una familia nuclear, modelo reflejado en El Show de Cosby durante la década de los 80. Por lo tanto, los problemas familiares fueron los temas centrales de las sitcom por un buen tiempo; no obstante, con los cambios sociales se han incorporado nuevas temáticas como las profesionales y el cambio femenino.

Hasta aquí, se han descrito las principales características de la sitcom tradicional cuyo fin se vincula a la culminación de la serie Friends en el año 2004. De ahí en adelante, la sitcom se modifica e innova creativamente. Entre los primeros rasgos diferenciadores encontramos, en el nivel narrativo, la extensión de los episodios de 20 a 30 minutos promedio, sin contar con las pausas publicitarias; se incrementa y permite la temática, abordándose tópicos más arriesgados y polémicos como la homosexualidad, sexo, violencia, racismo, discapacidades físicas y psíquicas, etc.

El clásico humor creado a base de chistes y repetición de frases hechas se abandona, y se da paso a la ironía y el cinismo, dando así gran importancia no únicamente al texto sino también al subtexto. Además, se da relevancia a lo anecdótico y al absurdo.

Con estos antecedentes, será más fácil comprender la realización de la sitcom moderna Two and a Half Men, del productor Chuck Lorre, protagonizada por los actores Charlie Sheen (como Charlie Harper, hasta la temporada 8), Jon Cryer (como Alan Harper), Angus T.Jones (como Jake, el hijo de Alan), Ashton Kutcher (como Walden Schmidt, contratado en mayo de 2011), entre otros no tan famosos previo al éxito de la serie.

Esta comedia ganadora del Emmy, con 9 temporadas al aire y contratada para producirse hasta el 2012, nos habla acerca de hombres, mujeres, sexo, citas, divorcios, madres crueles, padres solteros, hijos adolescentes y dinero, encajando en la descripción de un icono popular moderno que reorganiza las identidades al menos de su audiencia. Como las novelas, las sitcom inducen a sus audiencias a contar lo que han visto, a interpretarlo.

Se dice que el consumo puede cohesionar o diferenciar y eso depende de la percepción de la gente, la misma que, según Guillermo Orozco, implica una mayor actividad que la recepción de los sentidos y se almacena en base a los esquemas que se tienen. “Lo que distingue el consumo del intercambio no es que el primero tenga una dimensión psicológica de la que carece el segundo (como en el consumo de alimentos) sino que aquél trae consigo la incorporación del artículo consumido a la identidad personal y social del consumidor” (Silverstone y Hirsch: 1996).

Basándose, construyendo y aprovechando los esquemas vivenciales del público objetivo al que se destina un producto, en este caso audiovisual, se generan distintas oportunidades de consumo y producción, no solo de la serie en sí, sino también de sus personajes, actores, guiones y demás. En este contexto, Two and a Half Men no es solamente una serie que vende sus episodios y publicidad para el canal que la transmite, a ello se le suman artículos como camisetas, libros e incluso las cuentas en redes de sociabilización online de sus protagonistas. En este punto, vale mencionar que las redes de consumo hoy en día trascienden los medios tradicionales y suman el internet a sus distribuidores.

Jesús Martin Barbero hace referencia a la intromisión de las nuevas tecnologías como internet y dice al respecto que el lugar de la cultura en la sociedad cambia cuando la mediación tecnológica de la comunicación deja de ser meramente instrumental y se convierte en estructural: “la tecnología remite hoy no a la novedad de unos aparatos sino a nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras, a la mutación cultural” (Martin Barbero: 2003).

Si con las NTIC los productos sobreviven en la forma de las relaciones sociales que producen, se entiende el desplazamiento de prácticamente todo al ciberespacio y en especial a las plataformas más conocidas como lo son Twitter y Facebook. Estas herramientas virtuales se han convertido en espacios donde el debate y la difusión son importantes para sus usuarios. Conceptos como libertad, democracia y pluralidad invaden estos lugares en los cuales se argumentan posiciones y comparten opiniones respecto a temas de coyuntura, entretenimiento y novedad; y, en cuanto a lo que nos concierne, se venden ideas, personas, objetos.

Destaca la presencia en Internet de la serie Two and a Half Men, cuyo análisis resulta importante ya que si bien la programación televisiva está destinada a entretener a sus espectadores, es indispensable considerar los efectos culturales y sociales que producen, y cómo estas percepciones se trasladan ahora también al espacio virtual. Internet (que de ser Web 1.0 pasa a su versión 2.0) representa la ventana de exposición para todo sujeto u objeto que pretenda existir o fortalecer su presencia en el mundo actual.

En este contexto, la comedia de situación Two and a half men, que se emitió por primera vez en el año 2003 y que, hoy en día, es considerada una de las más exitosas en Estados Unidos y también en países latinoamericanos como el nuestro, cuenta con su sitio oficial en el canal de televisión que la produce: http://www.cbs.com; tiene un fan page en Facebook: http://www.facebook.com/#!/TwoandaHalfMen y en Twitter, su usuario es el siguiente: @TwoHalfMen_CBS.

Estos sitios pretenden ser un vínculo directo entre la serie y su audiencia; no obstante, son sus protagonistas los que también se apropian de la atención en el mundo virtual, principalmente los actores Charlie Sheen y su reciente reemplazo, Ashton Kutcher.

La sitcom norteamericana, a través del buscador de Google, genera en la red una cantidad de 878 millones de registros durante el último año y, de ellos, 311 millones fueron publicados en junio 2011, mes donde se generaron cambios en el elenco principal de la serie. Las palabras empleadas fueron: “Two and a Half Men”. En la misma búsqueda, se encontró que las imágenes posteadas o relacionadas al tema suman alrededor de 15.300.000; los videos son 5.250.000; las noticias aparecen contabilizadas en 16.800 y, de ellas, 1.150 pertenecen a blogs; finalmente, en páginas de compra-venta de productos o shopping se hallaron 33.300 resultados.

Por su parte, en el microblogging Twitter, la cuenta oficial de la serie es poseedora de 83.113 seguidores a la fecha (31 de diciembre de 2011). En general, destacan los siguientes hashtags, utilizados en su mayoría, con sentido favorable: #twoandahalfmen, #thm, #CharlieSheen, #winning, #AshtonKutcher, #CharlieSheenStyle; y son escasas las menciones con calificativos negativos como: #fuckthatshow.

Como nos damos cuenta, tanto Charlie Sheen como Ashton Kutcher son un eje transversal en la sitcom y en la discusión respecto a ella, esto sobre todo porque el uno reemplaza al otro. La cuenta oficial del intérprete de Charlie Harper es @CharlieSheen y le siguen 6.001.269 usuarios de la plataforma; por su parte, la nueva adquisición de la serie se llama en línea @aplusk y cuenta con 8.961.909 seguidores.

Ambos actores hacen uso de sus perfiles para emitir comentarios personales, pero también para hacer negocio. Tal es el caso de Sheen que gracias a su cuenta de Twitter, que tiene el récord mundial Guiness por haber ganado un millón de seguidores en tan solo 25 horas, es considerado un verdadero fenómeno de la cultura popular estadounidense. A través de su perfil, el actor vende sus mercancías – desde camisetas y gorras del “Team Sheen” hasta los controversiales muñecos inflables de Charlie– en tan solo horas de ser mencionadas en un tweet.

Con estos pequeños ejemplos de la serie en mención, podemos entender y aceptar que la tecnología hoy en día media más intensa y aceleradamente la transformación de la sociedad de mercado. La mediación estratégica de la tecnicidad se plantea actualmente en un nuevo escenario: el de la globalización, fortalecida en el hecho de que la gente siempre ha deseado más de lo que necesita y al tener frente a sí un sinnúmero de elecciones, reiteradas además en la televisión, como el medio de la cotidianidad, el deseo de adquisición se sobrepone al de la necesidad.

Actualmente es mucho más fácil crear fenómenos en corto tiempo, ya sean estos buenos o no, puesto que su consumo se ve facilitado por la red en la que estamos inmersos.

 

Bibliografía:

  • Bonaut Iriarte, Joseba y Grandío Pérez, María del Mar. Los nuevos horizontes de la comedia televisiva en el siglo XXI, en Revista Latina de Comunicación Social, 64, páginas 753 a 765. Universidad de La Laguna, 2009. La Laguna (Tenerife). Fecha de acceso el 30 de diciembre de 2011 de http://www.revistalatinacs.org/09/art/859_USJ/60_87_Bonaut_y_Grandio.html
  • Martin Barbero, José. Oficio de Cartógrafo. Fondo de cultura económica, 2003. Santiago.
  • Silverstone, Roger y Hirsch, Eric. Los efectos de la nueva comunicación. Bosch casa editorial, 1996. Barcelona.
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Posted by on February 26, 2012 in Uncategorized

 

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