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Mi YO en Facebook

22 Jan

Desde que Facebook llegó a nuestras vidas, surgieron cambios sociales muy particulares; de ahí que hoy en día se afirme que si no estás en esta plataforma no existes.  En sus siete años, Facebook ha evolucionado con rapidez, al agregar funciones como mensajería instantánea y actualizadores de noticias; sin embargo, esta red, que para 2011 alcanzó más de 500 millones de usuarios a nivel mundial, no deja de ser una vitrina de exposición, donde lo que se muestra es quien soy o quien pretendo ser.

Si bien los grandes teóricos aún no desarrollan sus investigaciones exclusivamente en estas redes de sociabilización online, existen muchos estudios previos que pueden aplicarse a este fenómeno moderno, principalmente en lo que respecta a la identidad. Esto, con el propósito de entender el comportamiento y la construcción de los ‘yo’ cibernautas a través del hipertexto, ese conjunto de imágenes, palabras, audios y videos descritos en códigos.

Como los signos, los seres humanos en la modernidad se definen en base a lo que los otros no son; es decir, son las relaciones de oposición las que les permiten a los sujetos constituirse como tales, así algunos autores como Foucault consideren a los cuerpos dóciles, manipulables y homogéneos. Sin embargo, tampoco podemos dejar de lado el hecho de que un sujeto no puede construirse al margen de su contexto o de su comunidad.

Si continuamos con la analogía a las palabras, podemos determinar que no hay sistemas mejores que otros, no existen identidades óptimas o peores, simplemente son distintas. Bernstein señala que las relaciones se determinan por la organización cotidiana, dentro de la cual se responde a códigos pragmáticos: funciones, intenciones o propósitos vinculados a contextos específicos o metas de cada individuo. Si quien soy depende de quien es el otro, es porque vivimos en el mundo de las identidades relacionales, lo que nos identifica ya no es estático. Estamos frente a un proceso de construcción de quien soy constante, avalado por la globalización, el avance tecnológico y lo que implica la modernidad líquida propuesta por Bauman en sí.

En este sentido, son los principios de colonización los que prevalecen, en tanto el poder nos invita a ‘querer ser’, a través del consumismo por ejemplo, cuyo exponente supremo es la publicidad, más no nos ‘obligan a’ nada. Con internet y los mass media como referentes, los habitus pasan de ser solo ideas a ser matrices de percepción y de reconocimiento, difiriendo en algunas ocasiones del origen natural. La identidad, donde incluimos nuestras apariencias, los gustos,  y demás, tiene que ver con la estrategia más que con la táctica.

Para Foucault, el sujeto se construye cuando entra a lo simbólico y se constituye en el mundo de la palabra; dicha afirmación puede trasladarse al mundo 2.0, donde el sujeto deja el anonimato como una película protectora y se expone, para bien o para mal –ese no es el punto-, a la red y a todo aquel que navegue en ella. Hall sugería que no es importante quién soy sino en quién me convierto y, si mi identidad es estratégica, debo aprovechar los nuevos símbolos para definirme, debo adaptarme a las nuevas formas de contar para reconocerme en el relato que construyo de mí.

Las nuevas identidades se resumen y relatan en Facebook a través de fotografías, principalmente, de comentarios y hasta de videos; el tip, por llamarlo de algún modo, está en saber qué mostrar y qué no, dependiendo el propósito por el cual pertenezcamos a esta red, ya sea éste social, laboral u otro. Por eso la teoría de que los relatos se construyen con dos modalidades: estabilidad y cambio o contingencia, se aplica perfectamente a esta herramienta virtual, ya que las identidades son móviles, nos comercian hoy en día y no lo exponen todo.

El self de Mead, se comparte en Facebook a conveniencia, de ahí que uno no suba o se deje etiquetar en una foto que no se ve bien, o que haga de su muro un espacio que lo deje en ridículo. Se enseña lo mejor de uno, no solo por efecto del discurso sino y, sobre todo, por la creatividad con la que alimentamos nuestro perfil en línea.

Se dice que desde el inicio lo que nos reconoce es el nombre propio y el resto, es decir nuestro cuerpo, nuestro pensamiento, nuestro ritmo incluso, cambian. No obstante, si antes los cambios se prolongaban o se veían influenciados por relaciones de poder, por la tradición y principios ontológicos de la sociedad, actualmente estos se aceleran debido a los aparatos tecnológicos y tienen la característica de ser muy propios, al punto que hasta las mentiras pueden compartirse, tal es el caso del montaje de una fotografía, en la cual puedo alterar mi forma, mi color de cabello, de ojos o lo que se me ocurra. Pero es aquí donde la singularidad deben prevalecer,  así la identidad esté fragmentada.

Butler indica que el yo no tiene una historia propia que no sea también la historia de una relación, pero podemos entender también esa relación, no solo con las personas externas a nosotros, sino también conmigo mismo y con mi realidad; debemos asumir un compromiso con nuestra autenticidad. Si somos únicos, aprovechar las nuevas vitrinas de exposición para que se nos reconozca como tales, mas no para caer en redundancias, en subordinaciones o en ese querer ser como el otro.

Dar cuenta de nosotros mismos en la modernidad es una tarea probablemente novedosa y única, ya que es libre e independiente, nos pertenece a cada uno de nosotros y no deberíamos desaprovechar esa oportunidad. ¿Cuál es tu yo en Facebook?

Bibliografía relacionada:

–       Bernstein, Basil. Clases sociales, lenguaje y socialización.

–       Butler, Judith. Dar cuenta de sí mismo. Buenos Aires: Amorrortu, 2009.

–       Foucault, Michel. Los cuerpos dóciles en Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 1984.

–       Hall, Stuart. Introducción, ¿quién necesita identidad?, en Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrortu, 2003.

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Posted by on January 22, 2012 in Uncategorized

 

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